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20 jul. 2016

Tequendama, una increíble cascada natural



Esta fue una de esas travesías automovilísticas que hay que tener en la vida: aventurarse sin tomar el camino corto y fácil sino salir “de la zona de confort”, dejar waze y google maps a un lado y usar los mapas impresos (a lo vieja escuela).



El Salto del Tequendama es una cascada súper bonita ubicada en el Municipio de Soacha a 30 kilómetros de Bogotá, lo que significa que está relativamente cerca de la capital (1 hora aproximadamente). Sin embargo aunque la mejor ruta es tomar la Avenida Boyacá derecho hasta salir de Bogotá llegando a Soacha y después a San Antonio del Tequendama, nosotros tomamos la ruta larga pasando por Tena, La Mesa, Mesitas del Colegio (que en realidad se llama El Colegio y ni idea por qué lo de Mesitas) llegando al Salto como 4 horas después.



A pesar de la cantidad de horas dentro de un carro valió totalmente la pena la cantidad de paisajes que se pueden admirar en la vía (un camino angosto que está siendo mejorado, sobre una zona montañosa, está llena de curvas y desniveles geológicos, y en cuyos puntos más altos se puede ver la niebla que cubre la montaña).



La temperatura cambia de fría a templada en kilómetros así que es súper común encontrar lugares de venta de frutas cultivadas en la región a los lados de la carretera. Sin embargo la vía, como dije antes, es angosta así que es difícil encontrar sitios para estacionar el auto.



Luego de atravesar todas las montañas, andar en medio de las curvas, pasar por puentes y viaductos, por fin, en San Antonio del Tequendama, fue posible encontrar mejores lugares para ver los paisajes, almorzar algo y sobre todo espacio para estacionar el auto sin atravesarse en medio de la carretera.



Después de descansar algunos minutos en un restaurante, seguimos en la vía y cuatro kilómetros más adelante vimos que teníamos a la izquierda la increíble cascada del Salto del Tequendama.

EL SALTO DEL TEQUENDAMA




La cascada es formada por el río Bogotá que lastimosamente es el río más contaminado de la ciudad, a sus caudales llegan los residuos de 9 millones de habitantes que viven en la zona metropolitana de la capital. Tristemente los residuos son consecuencia del descuido de los capitalinos y de la poca conciencia ambiental de las industrias de manera que ya desde hace más de cincuenta años las aguas de este río llevan colorantes, químicos, desechos, etc.



Al seguir en la vía nos encontramos una casa colonial de arquitectura francesa que estuvo en abandono por muchos años, desde cuyos miradores se puede ver la cascada. La casa fue construida en 1923 como mansión a la que se podía llegar en ferrocarril, después se convirtió en hotel de lujo y luego entró en decadencia por toda la contaminación de la zona. Nadie quería hacer ninguna obra allí ni invertir en su reconstrucción hasta que desde 2012 volvió a funcionar pero ahora como Casa Museo Salto de Tequendama Biodiversidad y Cultura con tours guiados (COP 4.000/persona) para quienes quieran conocer un poco de la historia de la casa y de la cascada.



Así que estacionamos el carro (la casa cuenta con parqueadero para quienes van a realizar el tour) e hicimos parte de uno de los toures, conociendo que el propósito de la nueva abertura de la casa abandona es recuperar el Salto, reconstruir la casa y sensibilizar a todos sus visitantes de que la conservación ambiental es realmente importante, que cuidar los ríos es tarea de todos y que los pequeños granos de arena si hacen la diferencia. Más de uno dice que está embrujada, pero el guía de la casa dijo algo muy cierto “los únicos fantasmas que hay aquí son aquellos llamados indiferencia y contaminación”.



Sobre la formación de la cascada hay una leyenda de los indígenas muiscas en la cual se relata que sobre la sabana hubo una gran inundación que destruyó viviendas y mató a mucha gente, los muiscas imploraron al personaje mitológico Bochica quien con su cetro de oro apareció sobre el arco iris y partió las rocas de un golpe convirtiendo la inundación en la cascada que hoy se conoce como el Salto del Tequendama.



Después de salir de la casa camino hacia Bogotá pudimos entender la dimensión de la contaminación por los fuertes olores que salen del río.



Después de tener una gran aventura en auto, poder visitar la casa y observar la cascada desde los miradores pudimos concluir que descubrir Colombia es impresionante y que la inmensidad de la creación es admirable, pero también es necesario entender y proponerse cambiar aquello que ha hecho el hombre con la naturaleza porque de no hacer nada por nuestro patrimonio no va a quedar nada por descubrir en el futuro.

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