Social icons

22 oct 2026

Todo hace parte de tu historia: cómo confiar en Dios en tiempos difíciles?


Hace un buen rato que no escribía. Hoy vuelvo a hacerlo desde una tormenta que no imaginé vivir.

Después de salir de una relación en la que no era elegida, pude abrirme a conocer a otras personas. Conocí a quien hoy es mi esposo. Primero fuimos amigos, honestos y vulnerables; descubrimos que coincidíamos en muchas cosas. Nos comprometimos, nos casamos unos meses después y, poco tiempo más tarde, supimos que esperábamos un bebé. Era la vida que habíamos imaginado. Pensé que por fin entraría en una temporada sin malas noticias. Pero a veces Dios permite que nuestros planes cambien.

En la semana 12 de embarazo recibimos una alerta por una posible alteración genética en nuestro bebé. Nuestra ginecóloga nos explicó los escenarios, pero el diagnóstico debía confirmarse con una amniocentesis, un examen que mi póliza de salud no cubría por tratarse de un procedimiento intrauterino. Así empezó un camino paso a paso con la unidad materno-fetal de nuestra Entidad Promotora de Salud (EPS) para tramitar la orden y la autorización a ese procedimiento.

Decidimos mantenernos positivos, al final, independientemente del resultado, ya nos reconocímos como los papás de un niño valiente, nuestro guerrero, que se ha aferrado a la vida.

Casi tres meses después recibimos una noticia muy dura: nuestro bebé tiene trisomía 13.

La trisomía 13¹, también llamada síndrome de Patau, es una condición genética que ocurre al azar en la que hay material extra del cromosoma 13. Ese material puede interferir con el desarrollo de distintas partes del cuerpo (sobre todo de los órganos vitales). Aunque cada diagnóstico y cada pronóstico es diferente y por lo tanto requieren una conversación con el equipo médico a cargo, para nuestro caso, los médicos nos explicaron que las complicaciones podían limitar el tiempo de vida de nuestro bebé y que era poco frecuente que un niño con esta condición sobreviviera. Escucharlo nos rompió el corazón.

¿Por qué nos pasa esto a nosotros? ¿Cuánto tiempo estará nuestro bebé con nosotros? ¿Llegará al parto? ¿Cómo será ese momento? ¿Por qué Dios permite que vivamos algo así?

Nuestras mentes se inundaron de preguntas sin respuesta. Como escribí en Todo hace parte de tu historia: acepta el proceso incluso cuando no lo entiendes, quizá las respuestas no lleguen pronto. A veces solo queda mirar la situación desde una nueva perspectiva y confiar en que todo se va a desenvolver de la mejor manera para todos, aunque nos cueste. Ha sido muy difícil ver crecer y moverse a mi bebé mientras que el futuro se siente incierto.

Mi esposo y yo estamos retomando lo que hemos aprendido junto a Dios en crisis anteriores. Así que si estás buscando cómo confiar en Dios en tiempos difíciles, comparto estas tres reflexiones que nos acompañan. No resuelven todas las preguntas; son maneras de vivir este día, un día a la vez:

Tres aprendizajes para atravesar una crisis sin tener todas las respuestas


1. Descansa en el carácter de Dios

Cuando nos ocurre algo doloroso, podemos pensar que Dios nos está castigando por algo que hicimos. O, si creemos que hemos hecho todo bien, sentir que nos ha traicionado o abandonado. Ambas reacciones hablan de la imagen que tenemos de Dios.

Sin embargo, que bueno es recordar quien es Él: soberano², bueno³ y cercano de aquellos que tienen el corazón roto⁴. Él, como buen padre no nos da lo siempre lo que queremos, sino lo que necesitamos.

Esta situación parece bondadosa? claramente no; aun así, intento recordar que mis pensamientos no son los de Dios. El Dr. James Dobson, en su libro Cuando lo que Dios hace no tiene sentido⁵, escribe que «carecemos de la capacidad para comprender la mente infinita de Dios o la manera en que él interviene en nuestras vidas» y que nuestra percepción de la realidad y nuestras emociones no son confiables para aceptar lo que nos dicen sobre Dios.


Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos—dice el Señor—.
Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.
Pues así como los cielos están más altos que la tierra,
así mis caminos están más altos que sus caminos
y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos
– ISAIAS 55:8-10 (NTV)

2. Elige cómo responder a lo que no puedes controlar

Muchas cosas se salen de nuestro control. Lo que sí podemos elegir, poco a poco, es cómo responder. Hay dos maneras de abordarlas: desde la desesperación o desde la aceptación. El Dr. Dobson describe que en la desesperación se buscan explicaciones a toda costa, se repiten los «si hubiera» o nos llenamos de amargura con Dios porque no recibimos lo que queríamos.

A mí esa manera de enfrentar la crisis no me ayuda; puede endurecer el corazón y traer mucha amargura. Debo recordar que no tengo todas las respuestas ni puedo decidir cómo debería funcionar el mundo.


¿Todavía quieres discutir con el Todopoderoso?
Tú críticas a Dios, pero ¿tienes las respuestas?.– JOB 40:2 (NTV)

Por otro lado, aceptar la soberanía de Dios no significa fingir que no duele ni callar las preguntas. Para mí, significa reconocer que no puedo entenderlo todo hoy y aun así puedo dar el siguiente paso acompañada por Él.

3. Aceptar la realidad sin dejar de amar y esperar

La aceptación ha sido una de las lecciones más grandes de mi vida. Escribí sobre ella en Sanar la codependencia: deja de vivir desde el miedo y el control. Aceptar no es resignarse: es mirar la realidad como es, aceptar a las personas y las situaciones como son y como suceden, perdonar, reconocer las pérdidas y hacer duelo por ellas.


Cuando le llegue el momento de sufrir, acepte el dolor y fortalézcase en él, sabiendo que Dios usará sus dificultades para cumplir Su propósito, y realmente, para su propio bien. El Señor está muy cerca, y él ha prometido que no le dejará ser tentado más de lo que podrá resistir
– Dr. James Dobson

En este tiempo, mi reto ha sido agradecer sin negar el dolor: vivir cada día junto a mi bebé y disfrutar cada nueva sensación, cada patadita, cada ecografía, cada buena noticia, cada noticia desalentadora. No siempre lo consigo, y eso también forma parte del proceso. Oro así como lo hizo Jesús en Getsemaní: «Padre, ¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero que no suceda lo que yo quiero, sino lo que tú quieres»⁷.

Hoy no sé cómo se resolverá todo. Intento recibir cada día, amar a mi hijo y caminar con Dios y con las personas que nos acompañan. La fe no me da una respuesta inmediata; me ayuda a no sentirme sola en medio de las preguntas.

Si tú también atraviesas una crisis, no tienes que encontrar hoy una explicación para todo. Puedes pedir compañía y dar un paso a la vez. A veces la oración empieza con estas palabras, aun con el corazón roto: «que se haga tu voluntad, no la mía»⁸.

Sigo creyendo que Dios está cerca de quienes tienen el corazón roto⁹ y que existe un futuro en el que enjugará toda lágrima y restaurará todas las cosas¹⁰.

Si estás buscando acompañamiento para cambiar hábitos, superar adicciones o sanar las heridas de tu corazón entonces las herramientas del «Programa Hay Esperanza» pueden ser lo que necesitas.


¹Edens Hurst, A. C. (2025, 28 de julio). Trisomy 13. MedlinePlus Medical Encyclopedia).
²(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Job 11:7).
³(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Salmo 23:6).
⁴(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Salmo 34:18).
⁵Dobson, J. (1993). Cuando lo que Dios hace no tiene sentido, Editorial Unilit.
⁷(Biblia Traducción Lenguaje Actual, 2003, Lucas 22:42).
⁸(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Lucas 22:42).
⁹(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Salmo 34:18).
¹⁰(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Apocalipsis 21:4).


Fotografía tomada por Lorena Urno

Publicar un comentario

Con tecnología de Blogger.