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20 jul 2022

El poder del perdón


Para continuar en esta serie sobre «la importancia de sanar» hoy quiero hablar de la clave de la sanidad: el perdón. Esa decisión que nos libera de las piedras de resentimiento, de la amargura, de la ira, de la venganza, nos permite caminar en plenitud soltando en manos de Dios todo lo que nos ha lastimado. Sin embargo, cómo hacerlo? cómo perdonar cuando no lo sentimos?.

EL SECRETO DE LA SANIDAD

La manera en como hoy reaccionamos a lo que nos pasa es el resultado de años de heridas ignoradas: hemos sido rechazados, humillados, traicionados, no valorados, abandonados, etc. en nuestras relaciones más significativas.

Es como si nuestra vida se definiera por un antes y un despues del dolor: «un tiempo sombrío, la conversación que te conmocionó, el estremecedor día del descubrimiento, el divorcio, la muerte involuntaria tan incomprensible que todavía no puedes creer que se han ido, la ruptura, el día que tu amigo se fue, la conversación despreciable, el comentario que ahora parece estar grabado en tu alma, el día que todo cambió»¹.

Como lo escribí en las anteriores publicaciones, esas heridas han venido ocurriendo desde que somos niños, nosotros hemos seguido adelante e hicimos como si nada pensando que el tiempo las curaría, pero las heridas están alojadas allí en nuestra alma y ahora están infectadas.

Por eso es que ahora aunque decimos que todo está bien y aunque somos intencionales en «ser mejores personas» nos autoprotegemos, quizás alguien hace un chiste o quizás en medio de una discusión alguien dice una palabra que nos recuerda un dolor y pum, reaccionamos desproporcionadamente, cuando seguramente ni lo amerita.


La única esperanza real que tenemos para no reaccionar más al dolor es que el dolor deje de estar, que la herida deje de sangrar, que finalmente sane y se convierta en una cicatriz. En ese momento, podremos poner nuestra mano sobre la cicatriz, podremos recordar lo que ocurrió, pero sin dolor; eso es sanidad. Cuando hay sanidad nos convertimos en personas más estables, menos reaccionarias
– Jaime y Liliana Garcia

Hemos vivido como si estuvieramos cargando una gran maleta de piedras que nos impide caminar libremente y así disfrutar la vida plena para la que fuimos creados. Por eso es que perdonar es tan importante, necesitamos soltar esas piedras de falta de perdón: el resentimiento, la amargura, la ira, la venganza.

Sin embargo la palabra perdón parece algo poco realista cuando nuestro corazón ha sido destrozado.

franca pizarra

UN PASO DIFÍCIL DE DAR

Lisa TerKeurst², en su libro «Perdona lo que no puedes olvidar» afirma que aunque el perdón es un paso difícil de dar es el único que conduce a algo bueno, todo lo demás solo añade mas dolor al dolor. Perdonar es la decisión de soltar y renunciar a cobrar por cualquier cosa que nos hayan hecho, el punto es que honestamente nunca nos vamos a despertar un día diciendo «hoy como que tengo ganas de perdonar», pero es necesario que seamos intencionales en hacerlo por nuestro propio bien (ni siquiera es por el bien de los demás).


El resentimiento es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera
– San Agustin

TerKeurst aconseja que para dar este paso recordemos verdades sobre el perdón:

El perdón trae paz, la venganza no:

Aunque aparentemente la venganza nos hace sentir mejor, la verdad es que solo trae mas resentimiento, amargura, ira, es como agregarle mas ofensa a la ofensa.


Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: «A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.» Y también: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza.» No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal.
– ROMANOS 12:19-21 (DHH)

Dios no se queda de brazos cruzados:

Dios es justo, eso significa que Él se va a encargar. El desenlace puede no ser en nuestro tiempo, ni a nuestra manera, pero Él siempre está trabajando.


Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes.
– 1 PEDRO 5:7 (TLA)

Cada quien da de lo que tiene por eso los heridos hieren:

El enemigo es real y siempre va a querer que nos mantengamos en el ciclo del dolor, una herida recibida que no sana pronto se convierte en la herida que causamos en alguien más.


Protéjanse con la armadura que Dios les ha dado, y así podrán resistir los ataques del diablo. Porque no luchamos contra gente como nosotros, sino contra espíritus malvados que actúan en el cielo. Ellos imponen su autoridad y su poder en el mundo actual.
– EFESIOS 6:11-12 (TLA)

CÓMO PERDONAR ENTONCES?

Perdonar es un acto individual en el que NO necesitamos la presencia de los que nos ofendieron. Es un acto que hacemos entre Dios y nosotros, a Él le llevamos nuestras heridas, nuestro dolor y ponemos a nuestros ofensores en sus manos.

Itiel Arroyo, en su mensaje «perdonar duele»³, compara el acto de perdonar a cuando alguien nos estrella el auto y nos rompe una farola, pero esa persona no está en capacidad de pagarnos o devolvernos nada, así que tenemos que asumir la perdida nosotros, comprar la farola y olvidarnos de cobrarla.

Jaime Garcia en una de las clases del Programa Hay Esperanza⁴ compara el acto de perdonar a cuando alguien nos hace caer, nos cortamos y ahora la herida está en nuestra piel, así que debemos pararnos e ir a buscar un hospital donde nos ayuden a cerrar y sanar la herida aunque quien nos hizo caer no nos ayude.

Es injusto, lo sé, ¿Cómo perdonar a alguien que ni siquiera ha reconocido su ofensa?, ¿Cómo perdonar cuando mi vida fue la que quedó hecha pedazos?, ¿Cómo perdonar cuando me siguen ofendiendo de la misma manera?.

Pero al perdonar entiendo (sin justificar) que cada persona solo ha podido dar de lo que tiene en su corazón y que el dolor de sus propias heridas le ha impedido ver que está lastimando a quienes le rodean. También al perdonar entiendo que simplemente yo no soy mejor que aquellos que me hirieron, el único que tiene derecho a juzgar me ha perdonado lo imperdonable y así cómo he recibido el perdón de Dios puedo darlo a quienes me han ofendido.

Y por eso es que es tan importante que Dios haga parte de nuestro proceso de sanidad, pues Él es el único que puede darnos aquello que perdimos, llenar ese vacío que quedó y ayudarnos a seguir adelante sanamente.

June Hunt⁵, en su libro «Cómo perdonar cuando no lo sientes?» habla de que el perdón es un proceso en el que debemos ir una etapa a la vez. Así como en los duelos, es necesario vivir cada etapa, entendiendo que hay un tiempo para todo⁶ y que no podemos apresurar las cosas, de lo contrario nos estancaríamos.

1. Enfrentar la ofensa:

Hay que recordar cada herida, llamarla por su nombre, comprender la gravedad de la ofensa y la magnitud del problema. No estamos aceptando ningún comportamiento dañino contra nosotros, estamos entendiendo la dimensión.

Por ejemplo una traición no es solo la traición es una autoestima destruida, se pierde la capacidad de confiar, todo lo vivido en el pasado queda como una mentira, el sentido de seguridad queda dañado, tus pensamientos se resumen en solo escenarios donde ves al ofensor traicionandote, etc.

2. Sentir la ofensa:

Es necesario permitirnos sentir todas las emociones que vengan al pensar en todas aquellas ofensas contra nosotros pues «experimentar el dolor conduce a la sanidad»⁷. El punto aquí es pasar a la siguiente etapa y no quedarnos rumiando en la ofensa.

3. Perdonar al ofensor:

Ante cada ofensa, las veces que sea necesario y habiendo entendido la dimensión del dolor, realizamos el acto interno de renunciar a querer cobrar lo que nos hicieron, entregándole el dolor a Dios. Eso no significa que el ofensor queda libre de culpa, solo que ahora está en manos de Dios, y «Dios sabe cómo tratar con cada persona justamente, y Él lo hará, en su tiempo y a su manera»⁸.

Cabe aclarar que perdonar al ofensor no significa que tenga que ir a decirle «oye te perdono» (eso es venganza), perdonar es un acto individual entre Dios y yo.

Aqui tambien es muy importante que también traigamos a nuestra mente cuáles han sido nuestras ofensas contra otros, dimensionemos el impacto, porque cuando reconocemos que tambien hemos sido ofensores en nuestras relaciones estamos en capacidad de entregar de lo que hemos recibido (perdón).


Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.
– COLOSENSES 3:13 (NTV)

Nunca será fácil sabes?, lo sé, años de heridas feas del tipo comentarios o actitudes, otras que dañan el alma como rechazos, desprecio y humillaciones, y otras como la traición donde es como si cogieran un cañon y lo dispararan hacia ti, sientes que nunca volverás a ser la misma persona.

Pero hay esperanza, cada vez que perdonas a tu ofensor por cada herida es como si limpiaras y cuidaras de ellas, al principio siguen doliendo demasiado pero poco a poco comienzan a cicatrizar. Persevera confiando en que si haces tu parte (perdonar) Dios restaurará todo aquello que perdiste.

4. Encontrar unidad:

Lo ideal sería que todas las relaciones significativas pudieran restaurarse pero esto solo se logra cuando tanto el ofendido como el ofensor están comprometidos, son transparentes y honestos. Este es un tema que a veces se toma muy a la ligera, sin límites claros y luego las ofensas se repiten haciendo las heridas mas grandes. Hunt afirma que si el ofensor no ha dimensionado el impacto de sus acciones y lo ha reconocido, entonces no está listo para la reconciliación⁹.


Debes comprender que la voluntad de perdonar -repetidamente, si es necesario- no significa permitir que nos pisoteen como a un tapete. No hay nada de nobleza o bondad en permanecer pasivos ante un maltrato persistente que se puede evitar.
– June HUNT

Sobre el tema de la reconciliación hay un punto importante y es el siguiente:

PERDONAR NO SIGNIFICA RECONCILIACIÓN

Perdonar no significa que una relación deba restaurarse, y precisamente eso es lo que a muchos les impide perdonar, creer que deben retornar a relaciones que siguen siendo dañinas y hacer como si nada hubiera ocurrido.


Por mucho que deseemos restaurar una relación necesitamos usar el sentido común para protegernos a nosotros mismos
– June Hunt

Pero esto no podría estar más lejos de lo que el perdón y la reconciliación implican. Liliana Garcia en una de sus charlas del Programa Hay Esperanza¹⁰ lo explica mejor: «Hay muchos malos entendidos con respecto al perdón, muchas personas dicen "yo no quiero perdonar porque yo no quiero volver a esa relación, yo no puedo perdonar porque yo no confío en esa persona", …, y para mí fue muy liberador entender que yo podía perdonar a alguien pero no estaba obligada a confiar en esa persona».

Perdonar tiene que ver más con nuestro propio corazón. Perdonamos para sanar, para dejar a un lado el resentimiento, la amargura, la ira, la venganza, nos convierte en personas menos reaccionarias y nos ayuda a disfrutar la vida en plenitud sin andar cargando piedras.

Para perdonar solo se necesita una persona (y Dios). Pero «una reconciliación requiere un ofendido que ha perdonado (no tiene ninguna piedra de falta de perdón, ni de amargura en su saco), y un ofensor genuinamente arrepentido con acciones de arrepentimiento» (visibles, como estar sometido a una rendición de cuentas o estar bajo ayuda profesional)¹¹.


Dios nunca espera que nos expongamos al daño cuando alguien que nos ha herido no muestra signos de arrepentimiento o cambio.
– June HUNT

Lección aprendida sobre la confianza: no basarse en una falsa esperanza sino creérle a Dios, a la intuición y a los hechos.

«Si nos prestamos atención a nosotros mismos y a los mensajes que del mundo recibimos, sabremos en quién confiar, cuándo confiar, y por qué confiar en una determinada persona. Podremos descubrir que siempre hemos sabido en quién confiar y que simplemente no nos estábamos escuchando a nosotros mismos»¹².

CAMINANDO EN LIBERTAD

Nuestra capacidad de sanar no puede depender de que otras personas quieran nuestro perdón o de que veamos a otros recibir las consecuencias de sus actos, nuestra sanidad es algo que buscamos para vivir plenamente caminando en libertad.

Otra cosa importante es que puede que comencemos a perdonar, pero no sintamos que hemos perdonado. Sin embargo a medida que el perdón se convierte en un estilo de vida vamos a ir viendo como poco a poco nuestras emociones se alinean.

Solos es muy difícil, pero pidamosle a Dios que Él sane nuestros corazones del dolor, que nos ayude a ver nuestra necesidad de perdón para poderla dar a otros, a liberarlos de la deuda que tienen con nosotros y liberarnos así a nosotros mismos.

Crées que podemos caminar una vida en la que perdonamos y pedimos perdón reconociendo nuestra responsabilidad en las relaciones? ¿Cuál fue la última ofensa que te hicieron?, ¿Cuál fue la última ofensa que le hiciste a alguién?. Sanar es posible porque Dios dice que todo es posible¹³, pero y tú, lo creés?.

PARTE 1 | PARTE 2 | PARTE 3


Si estás buscando acompañamiento para salir de una crisis o sanar tu corazón entonces las herramientas del «Programa Hay Esperanza» pueden ser lo que necesitas.


¹ ²TerKeurst, L. (2020). Perdona lo que no puedes olvidar: Descubre cómo seguir adelante, hacer las paces con recuerdos dolorosos y crear una vida nuevamente hermosa, Grupo Nelson.
³Arroyo, I. (2020). Perdonar duele, Itiel Arroyo Predicaciones.
⁴Garcia, J. Garcia, L. (2019). Hay Esperanza: cuando la vida parece terminar, pudiera estar a punto de comenzar. Editorial HAY ESPERANZA.
⁵Hunt, J. (2011). Cómo perdonar cuando no lo sientes?, Unilit.
⁶(Biblia Nueva Traducción Viviente NTV, 1996, Eclesiastés 3:1-8).
⁷ ⁸ ⁹Hunt, J. (2011). Cómo perdonar cuando no lo sientes?, Unilit.
¹⁰Garcia, J. Garcia, L. (2019). Hay Esperanza: cuando la vida parece terminar, pudiera estar a punto de comenzar. Editorial HAY ESPERANZA.
¹¹Hunt, J. (2011). Cómo perdonar cuando no lo sientes?, Unilit.
¹²Beattie, M.(1986). Ya no seas Codependiente: Aprende a ocuparte de ti mismo. Hazelden Pub.
¹³(Biblia Traducción Lenguaje Actual TLA, 1996, Lucas 1:37).

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